Claves para mejorar las finanzas en PYMES del sector agroalimentario

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El sector agroalimentario tiene una estructura financiera propia: campañas concentradas, materia prima volátil, márgenes ajustados y plazos de cobro marcados por la distribución. Repasamos las claves para gestionar, con criterio, las finanzas en las PYMES agroalimentarias.

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El sector agroalimentario español reúne una combinación de circunstancias que ninguna otra actividad presenta a la vez: campañas concentradas en pocas semanas, materia prima sujeta a variaciones de precio que la empresa no controla, exigencias de inversión en instalaciones y una relación comercial con la distribución que marca los plazos de cobro.

Sobre ese escenario operan miles de PYMES con estructuras financieras pensadas para un negocio estable. El desajuste explica buena parte de las tensiones de liquidez del sector, que rara vez responden a un problema de rentabilidad y casi siempre a un problema de calendario.

A continuación repasamos las claves que, en nuestra experiencia, marcan la diferencia en la gestión financiera de una compañía agroalimentaria.

1. El circulante es el verdadero cuello de botella.

En una empresa agroalimentaria la caja no se suele romper por pérdidas, sino por desincronización. Los desembolsos se concentran en el período de compra o recolección, las existencias inmovilizan capital durante meses y los cobros llegan escalonados y con plazos marcados por el cliente.

Gestionar esa desincronización exige, como mínimo, tres cosas:

  • Cuantificar la necesidad operativa de fondos de cada campaña antes de que empiece, no durante la misma. La pregunta no es solo cuánta financiación necesito, sino en qué semanas concretas la necesitaré y hasta cuándo.

  • Dimensionar las líneas de circulante con antelación. Negociar una póliza en pleno pico de campaña es la peor posición negociadora posible para cualquier empresa del sector.

  • Utilizar los instrumentos financieros adecuados para cada caso. El anticipo de facturas o el confirming puede resolver desfases comerciales. Sin embargo, no es un instrumento financiero pensado para arreglar un fondo de maniobra insuficiente que requiera financiación a largo plazo (o incluso inyectar recursos propios).

2. Conocer el coste real de cada producto, no el coste medio.

Es el punto donde encontramos más margen de mejora. Muchas PYMES del sector calculan un coste medio por kilo o por unidad e imputan los costes indirectos de forma proporcional a la facturación. Como resultado de esto tenemos un mapa de rentabilidad equivocado con líneas de negocio que parecen rentables y no lo son, y viceversa.

Un escandallo bien construido incorpora la merma real por producto, el coste de la energía y del agua asignado por proceso, los tiempos de mano de obra efectivamente empleados en cada línea, el envase y el coste logístico diferencial. Cuando ese ejercicio se hace con rigor, es frecuente descubrir que una parte relevante del catálogo aporta poco o nada al margen de contribución. Toda esta información nos permite decidir con criterio qué referencias se mantienen y cuáles se abandonan.

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3. Una previsión de tesorería construida sobre el calendario de campaña.

Las previsiones mensuales lineales no funcionan en este sector. La planificación financiera de una empresa agroalimentaria debe construirse sobre su calendario real, teniendo en cuenta semanas de compra, período de transformación, ciclo de almacenamiento, ventana comercial y vencimientos de cobros asociados a cada cliente.

Sobre esa base, la empresa puede anticipar con meses de antelación las tensiones de liquidez y decidir si se resuelven con financiación, con una modificación del calendario de compras o con una renegociación de condiciones. Es la misma disciplina que describimos en nuestra guía sobre planificación financiera para PYMES adaptada a un negocio cuyo ejercicio no se comporta de forma homogénea.

4. Gestionar el riesgo de precio de la materia prima.

La volatilidad del precio de origen es una variable exógena, pero su impacto en la cuenta de resultados sí es gestionable. Las palancas habituales son la contratación a plazo con proveedores, las cláusulas de revisión de precio en los contratos con clientes y la construcción de escenarios de sensibilidad que permitan conocer de antemano cuánto margen se pierde ante una subida determinada.

Trabajar con tres escenarios de coste de materia prima, y tener decidido de antemano qué hacer en cada uno, evita tener que improvisar decisiones comerciales en pleno pico de precios.

5. Separar la inversión estructural de la financiación de campaña.

Financiar una inversión en maquinaria, cámaras o instalaciones con las líneas de circulante disponibles es un error frecuente y caro. La consecuencia es que, cuando llega la campaña siguiente, la capacidad de financiación operativa está agotada.

Cada tipo de necesidad tiene su instrumento financiero. La inversión en activos fijos debe financiarse a un plazo coherente con su vida útil y con la generación de caja que produce. El circulante, con líneas de financiación específicas que se abren y cierran con el ciclo.

6. La financiación pública que el sector no aprovecha.

Existe una percepción bastante extendida de que las ayudas a la innovación están reservadas solamente a empresas tecnológicas. En la práctica, buena parte de la actividad que desarrolla una PYME agroalimentaria puede encajar en instrumentos de I+D+i: nuevos procesos de conservación, mejora de la vida útil, reformulación de producto, sistemas de trazabilidad, automatización de líneas o proyectos de eficiencia hídrica y energética.

Si estás buscando financiación pública para tu empresa agroalimentaria, te recomendamos: la línea AgroInnpulso de ENISA y las ayudas para proyectos de I+D+i publicadas anualmente por el CDTI.

7. Los KPIs básicos que debe incluir el cuadro de mando de cualquier empresa agroalimentaria.

Con independencia del tamaño de la compañía, hay un conjunto de indicadores (KPIs) que toda empresa agroalimentaria debería revisar mensualmente:

  • Margen de contribución por línea de producto y por cliente.

  • Rotación de existencias y días de inventario por familia.

  • Período medio de cobro por cliente y período medio de pago a proveedores.

  • Necesidad operativa de fondos frente a fondo de maniobra disponible.

  • Coste unitario real frente a coste presupuestado de campaña.

  • Servicio de deuda previsto para los próximos doce meses.

¿Cómo te ayudamos desde Andseed?

Si diriges una PYME agroalimentaria y quieres ganar control sobre el circulante, los márgenes y el calendario financiero de tus campañas, el mejor momento para empezar es antes de la próxima. En Andseed llevamos 10 años profesionalizando las finanzas de decenas de PYMES españolas gracias a nuestro servicio de CFO externo.

Con nuestro servicio de CFO externo para PYMES te ayudaremos a:

  • Construir un Business Plan y una previsión de tesorería ajustados al calendario real de tus campañas.

  • Analizar la rentabilidad por línea de producto y por cliente con un escandallo riguroso.

  • Dimensionar y negociar las líneas de financiación adecuadas a cada necesidad, separando circulante de inversión.

  • Identificar las líneas de financiación pública que encajen mejor con los proyectos que desarrolle tu empresa.

Contacta con nuestro equipo y te explicaremos cómo podemos ayudarte a mejorar las finanzas de tu compañía.

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